El saldo de una memorable velada

Compartir en la última tarde dominical un concierto del maestro Frank Fernández y el grupo Sweet Lizzy Project (SLP) en el Submarino Amarillo, es mucho más que el efectivo maridaje logrado entre la música de concierto y el rock por sus implicaciones en la problemática de la música de nuestros días

Autor: Guille Vilar | Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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El maestro Frank Fernández y el grupo Sweet Lizzy Project en el Submarino Amarillo.
Foto: Alejandro Rodríguez

Compartir en la última tarde dominical un concierto del maestro Frank Fernández y el grupo Sweet Lizzy Project (SLP) en el Submarino Amarillo, es mucho más que el efectivo maridaje logrado entre la música de concierto y el rock por sus implicaciones en la problemática de la música de nuestros días.

Con la presencia de Miguel Díaz-Canel Bermúdez, primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, como un diletante más de la buena música, asistimos a una propuesta donde tanto los admiradores de la música de concierto como los seguidores del rock, expandieron sus respectivos límites hacia horizontes insospechados. Quizás entre los que asisten frecuentemente a las presentaciones del maestro no se imaginaron nunca disfrutar de un grupo de rock de lujo mientras que los clientes habituales del Submarino no podían pensar que un día Frank Fernández llegaría a tocar en dicho centro cultural.

En tal sentido, para quienes no conozcan mucho acerca del rock, esta palabra puede llevarlos por senderos errados además de trillados. Sin embargo, la actuación del grupo SLP ejerció una fascinación inmediata en el público allí reunido, no solo por la juventud de sus integrantes sino por la elegancia y creatividad en sus versiones sobre clásicos del rock como en temas propios, sin extraviar la intensidad del rock pero asentados en un sólido profesionalismo. Además, entre los cultores del género en el patio, pocos grupos se pueden dar el gusto de tener un exigente director y emotivo guitarrista del rango de Miguel Comas y mucho menos contar entre sus integrantes con una cautivadora intérprete, dueña de esa voz tan cálida y expresiva que distingue a Lisset Díaz.

En cuanto a las propuestas de Frank, jamás tuvimos algún tipo de inquietud en relación con el impacto de su piano entre las paredes del Submarino. En ningún momento dejamos de estar ante un verdadero concierto de rock, pues el público respondía con similar entusiasmo y espontaneidad por medio de fuertes aplausos que se convertían en exaltadas ovaciones ante la inspirada delicadeza de su ejecución en Perla Marina de Sindo Garay, la vehemente cubanía desbordada en las Danzas de Ernesto Lecuona o el paroxismo provocado por su virtuosismo en el reconocido Zapateo por derecho.

No obstante, en el cierre del concierto, el grupo se une al maestro para interpretar unas muy aplaudidas versiones de clásicos de Lennon y McCartney como Let it be y Yesterday, respectivamente.

El momento cimero de la noche fue el Adagio de Tomasso Albioni en tiempo de rock, versión capaz de ascender hasta niveles de excelencias francamente delirantes. Así, Frank Fernández, el eminente pianista que ha tocado en los escenarios más exclusivos del mundo, que ha descargado con el son de Adalberto Álvarez al mismo tiempo que graba un disco con los Muñequitos de Matanzas, se le vio ahora eufórico y feliz, rodeado por los músicos de SLP. No cabe duda que semejante suceso representa una especie de bendición del maestro para la evolución del rock cubano como una música merecedora del debido respeto profesional. Por lo tanto, un evento de esta magnitud cultural, debe de ser reproducido nuevamente, pero en una sala de mayor capacidad de público para que a todos pueda llegar la trascendencia de cuando la música es convertida en maravilla.

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